El estado de la tecnología en Venezuela en el contexto de las
cadenas productivas
El estado de la tecnología en Venezuela en el contexto de las
cadenas productivasLeandro Rabindranath León (leandro.r.leon@gmail.com)
Centro Nacional de Desarrollo en Tecnologías libres (CENDITEL)
Universidad de Los Andes
|
Durante los últimos doce años, uno de los principales objetivos
políticos de Venezuela ha sido el ganar independencia productiva a
través de la generación de tecnología venezolana. Para ello, entre más
cosas, se han establecido políticas monetarias destinadas a evitar la
fuga de capitales, se han abierto numerosas y nuevas universidades, se
han establecido políticas de incentivo -subsidios, facilidades
arancelarias, etc- a la producción local, se ha intentado mejorar el
sistema de transporte, se ha estimulado la entrada de capital extranjero
-especialmente chino- y se ha efectuado una fuerte promoción hacia la
generación de conocimiento libre.
Sin embargo, doce años después, la situación tecnológica venezolana es
más precaria que en los tiempos de inicio de los planes de ganancia
tecnológica. Si bien la demanda interna en rubros esenciales ha
aumentado considerablemente, particularmente en el sector alimentario,
también han aumentado dramáticamente las importaciones de estos rubros
fundamentales.
Como propondremos más adelante, un sistema tecnológico requiere redes de
interrelación; por ejemplo, redes de transporte, de generación y
transmisión eléctrica o de telecomunicaciones. Si bien estas redes
son asequibles a casi todos los venezolanos, tanto en el acceso como en el
coste, su uso ha sido orientado hacia el consumo individual en desdén
del industrial. A la fecha de redacción de este escrito, el sistema de
transporte nacional se encuentra al borde del colapso debido el tráfico
excesivo, falta de mantenimiento y especialmente falta de expansión. Del
mismo modo, la generación y transmisión eléctrica se encuentran con un
déficit de aproximadamente 20 %, ocasionado por una fortísima demanda
doméstica, que no industrial, la cual ocasiona cortes y racionamientos
recurrentes. Parecido se puede decir del sector de las
telecomunicaciones, donde se aprecia una intermitencia en los servicios
de telefonía y de Internet.
Quizá lo más llamativo de esta situación es que, aparte de pensar que en
el ejecutivo venezolano hay un muy claro deseo y voluntad por producir
tecnología propia, de haber empleado políticas de apropiación
tecnológica vinculadas a la producción que han sido exitosas en otras
partes, particularmente en Corea del Sur e India [AY00], puede
decirse que Venezuela, en lugar de haber progresado o estar en vías de
tener tecnología propia, su dependencia tecnológica ha aumentado.
Así las cosas, al margen de consideraciones de corte
político-proselitista, surge como inquietud el preguntarse ¿por qué, a
pesar de la voluntad y el uso de políticas exitosas allende, Venezuela
no sólo ha fracasado en su anhelo de ganar independencia tecnológica,
sino que más bien ha retrocedido? ¿Cuáles podrían ser los errores? ¿Qué
es lo que la dirigencia tecnológica venezolana no ha visto? ¿Por qué no
lo ha visto?
Nosotros pensamos que esta falta de consolidación en los planes
tecnológicos venezolanos se debe principalmente a que en la dirigencia
tecnológica venezolana operan diversas y erradas interpretaciones de lo
que es la tecnología que confluyen en una “mirada
fragmentada” 1 sobre el problema de la tecnología. Recetas y
fórmulas exitosas no rinden frutos porque no se tiene claro para qué
éstas son. De este modo, al no tener claro qué es la tecnología, resulta
muy difícil delinear objetivos concretos y forjar consenso en los planes
de apropiación tecnológica.
Planteadas estas breves consideraciones, este escrito se propone como
propósito el brindar un contexto discursivo que dé cuenta de las
posibles malas interpretaciones que han conllevado al fracaso venezolano
en apropiación de tecnología y que sirva como marco de discusión.
Antes de abordar el ensayo es menester aclarar que éste es más de índole
subjetiva que objetiva, en el sentido de que se substancia más en las
modestas experiencias e impresiones personales de quien suscribe en la
dirección de centros de investigación y desarrollo de tecnología
venezolanos, así como de su participación en las discusiones sobre los
planes venezolanos de apropiación tecnológica, que sobre indicaciones
cuantitativas y objetivas.
Este opúsculo está estructurado en tres partes. En § 1
abordaremos y discutiremos el contexto discursivo que emplearemos para
definir la tecnología y que nos permitirá excluir confusiones
importantes en torno a este término y su uso. Con una definición
clarificada en mano, en § 2 esbozaremos a muy grandes
rasgos el estado general de la tecnología venezolana. Finalmente, con
base a las consideraciones previas, en § 3 sugeriremos algunos
lineamientos generales y prioridades políticas para un plan de
apropiación tecnológica en una cultura como la venezolana.
Contents
1 ¿Qué es la tecnología?
Quizá la principal fuente de obstáculos para una adecuada y atinada
instrumentación de políticas de desarrollo tecnológico es la diversidad
de interpretaciones erradas que ocurren en torno a la idea de lo que es
tecnología. La mayor parte las malas interpretaciones estriba en
confundir un componente esencial para la tecnología con la misma
tecnología.
Así pues, habida cuenta de estas confusiones, a efectos de llegar a una
definición de tecnología, primero debemos identificar estas confusiones
y esclarecer desde ellas qué no es tecnología.
1.1 Tecnología como conocimiento
Uno de los rasgos de la tecnología como fenómeno histórico ubicuo es
que ésta descansa en una vasta cantidad de conocimiento, especial mas
no exclusivamente, conocimiento científico, es decir, el resultante
de aquello que hoy conocemos como la ciencia moderna.
¿Es la tecnología el conjunto de conocimientos que se requieren saber
para producir?. Para desarrollar este planteamiento mencionaremos
someramente tres ejemplos de “tecnologías” como conocimiento: la
“tecnología” automotriz, la “tecnología” de telefonía celular y
la “tecnología” satelital.
En el caso del automóvil es probable que el hecho de que ahora nos
sea tan cotidiano oculte la miríada de conocimientos de la ciencia
que están presentes en su fabricación: mecánica, metalurgia,
electricidad, termodinámica, química orgánica por mencionar algunas
áreas. En propicio el momento para comentar que una “tecnología”
como conocimiento no consiste de un solo conocimiento. De hecho, como
acabamos de señalarlo con los automóviles, es un conglomerado de
conocimientos que históricamente no estuvieron relacionados entre sí.
La edad de aparición de las distintas áreas involucradas en la
fabricación del automóvil se remonta desde miles de años atrás con la
aparición de la rueda y mecánica sencilla, pasando hará 500 años por
la física Newtoneana, hasta unos 120 años atrás, con la aparición del
acero industrial y la explotación de hidrocarburos.
Nuestro segundo ejemplo lo conforma la “tecnología” de fabricación
de celulares, en la cual no sólo encontramos diversas áreas de
conocimiento, sino que algunas de éstas son de data más reciente
respecto al automóvil; particularmente las áreas asociadas a la
teoría electromagnética, cuyos orígenes formales, los cuales si bien
se remontan a unos 400 años, no fueron unificados teóricamente hasta
1865 por el célebre James Clerk Maxwell.
Finalmente, nuestro último ejemplo de referencia lo conforma la
“tecnología satelital”, la cual, aparte de compartir algunas
“tecnologías” con los mundos automotriz y telefónicos, requiere de otras
“tecnologías” más recientemente descubiertas; en la ocurrencia, la
cohetería y las famosas teorías cuántica y relativista desarrolladas
a principios del siglo XX.
Con nuestra imaginación puesta sobre estos ejemplos, retomemos la
cuestión: ¿es la tecnología el conjunto de conocimientos que se
requieren dominar para producir? O sea, cuando se dice que “se
tiene una tecnología”, ¿significa eso que se dominan sus
conocimientos inherentes?. Por ejemplo, decir que tenemos la
tecnología automotriz ¿significaría que dominamos los conocimientos
de mecánica, metalurgia, electricidad, etc., que se requieren para
producir automóviles?.
El conocimiento, interpretado éste como el corpus cognitivo y
objetivo de algún quehacer humano, que pueda ser enseñado en y por
instituciones de educación, necesario para la inmensa mayoría de
“tecnologías” como conocimiento está en su mayoría libremente
disponible en libros y bibliotecas y es enseñado en las instituciones
educativas tradicionales, universidades e institutos tecnológicos. En
el caso concreto de nuestras tres “tecnologías” ejemplos, todos los
conocimientos, incluidos los inherentes a la satelital, que es la más
compleja, son asequibles a cualquiera que tenga la formación
suficiente para entenderlos.
En el caso concreto venezolano, a pesar de esta disponibilidad de
conocimientos y de que ellos se enseñan en las universidades
venezolanas, muy pocos aparatos vinculados a aquellas
tecnologías se fabrican en Venezuela.
La aprensión de lo anterior nos conlleva pues a dudar la creencia de
que dominar la tecnología consiste en dominar los conocimientos. Si
así fuera, entonces podría decirse que el estado venezolano posee la
tecnología, pues éste dispone del aparataje institucional para
enseñar los conocimientos.
Una condición necesaria para dominar una “tecnología” es que los
conocimientos estén libremente disponibles, cual también es el caso
venezolano.
¿Se trata entonces de que tengamos ciudadanos que dominen los
conocimientos en un sistema educativo que permita crear nuevos,
preservar los antiguos y enseñarlos a través de las generaciones?
Habida cuenta del conocimiento como necesidad para la tecnología, es
evidente que el tener a estas clases de ciudadanos y de instituciones
también es una necesidad. Pero cuando aprehendemos que en las
instituciones educativas venezolanas y en algunos de sus mundos
productivos se comprenden y se enseñan los conocimientos requeridos
para las “tecnologías”, entonces se nos revela que, aunque es una
necesidad, esto no es suficiente para decir que se tiene tecnología.
Un último eje de esta interpretación es asociar la tecnología con la
“investigación”, entendido este término como el trabajo que se
realiza, tradicional pero no exclusivamente asociado con las
universidades, para la creación de nuevo conocimiento. En este eje,
ante la baja escala comparativa con otras latitudes de la
investigación venezolana, podríamos fácilmente cometer el error de
pensar que en eso, la investigación, sí reside el tener
tecnología. Este error es desenmascarable si al mirar nuestros tres
ejemplos aceptamos que estos conocimientos, bajo la interpretación que
ya planteamos, ya fueron descubiertos, son perfectamente aprensibles
y se poseen instituciones que los enseñan.
En definitiva, si bien el conocimiento transmisible, la investigación
e instituciones asociadas con su generación y enseñanza son
esencialmente necesarias a la tecnología, por ser insuficientes no la
definen completamente.
La tecnología no (sólo) es el conocimiento.
1.2 Tecnología como infraestructura
El siguiente tipo de confusión se desenreda mejor planteando la
pregunta: ¿es la infraestructura (máquinas, edificios, dispositivos,
etc.) lo que define a una “tecnología”? Considerando la complejidad
de lo producido, en nuestros ejemplos: automóviles, teléfonos
celulares y satélites, podemos apreciar que hay un fuerte componente
de infraestructura de fabricación.
Para construir un automóvil, necesitamos cadenas de ensamblaje, las
cuales a su vez, siguiendo el sentido de la pregunta, requieren
fábricas de acero, vidrio, plástico, motores, transmisiones, sistemas
de suspensión y muchas más partes y componentes. A su vez, la
fabricación de componentes de un automóvil también depende de la
fabricación de más partes y así sucesivamente hasta llegar a la
extracción en bruto de materia prima.
Hay otro lado de la infraestructura asociada a una “tecnología” que
tiende a pasar desapercibido y que consiste en otras “tecnologías”
dependientes o necesarias. Para que tenga sentido usar automóviles, es
necesaria la presencia de una red vial por donde éstos puedan
circular. Esta red vial también es infraestructura y es parte de una
“tecnología”. Paralelamente otras “tecnologías” dependen del
automóvil, por ejemplo, el transporte de partes y materias primas
entre las fábricas se hace a menudo a través de medios
automotrices.
La tecnología automotriz es transversal a otras tecnologías; por
ejemplo, algunas “tecnologías” de agricultura requieren el uso de
medios automotrices; en la ocurrencia, de tractores que arrastren
arados o de vehículos recolectores de cosecha.
A todas las consideraciones anteriores hay que añadir el hecho de que
para muchos el automóvil es parte de nuestra vida cotidiana
individual.
En el caso de las telecomunicaciones también podemos apreciar su
transversalidad a otras tecnologías; la TV, los sistemas informáticos
públicos y privados, por ejemplos. También la telefonía requiere de
infraestructura de operación: estaciones de conmutación y de
repetición, antenas, centros de ayuda, etc. Y por supuesto, la
telefonía depende otras tecnologías: sistemas computacionales,
electrónica, semiconductores, etc.
Con los satélites la dependencia de otras tecnologías y de su
infraestructura es más patente: computación, óptica,
telecomunicaciones, cohetería, relatividad, etc. Del mismo modo, las
telecomunicaciones y otras tecnologías dependen de la tecnología
satelital. La tecnología satelital es la más reciente y sofisticada de
nuestros ejemplos, pero es también la que mayor infraestructura
requiere en comparación con la escala del bien final.
Ahora retomemos la pregunta inicial y meditemos acerca de si los
venezolanos, entre los cuales se encuentra este suscrito, tenemos o no
esa infraestructura.
En lo que concierne el “tener” en el sentido de posesión,
“tenemos” tecnología automotriz. Tenemos una red vial importante,
unos cuantos sistemas que dependen del automóvil que se usan
abusivamente. También fabricamos algunas partes y ensamblamos
enteramente algunos automóviles. Las partes que no fabricamos las
compramos allende. Así, puesto que fabricamos automóviles dentro de
nuestro territorio, aunque sea parcialmente, podemos decir que tenemos
la infraestructura automotriz, tanto como soporte transversal a otras
tecnologías como infraestructura para fabricarlos.
Con la telefonía celular ocurre lo mismo. Conformamos uno de los
países de mayor uso de telefonía celular por habitante en
Latinoamérica, lo que sugiere que como apoyo transversal también
tenemos esa tecnología. Igualmente, tenemos fábricas de teléfonos,
especialmente celulares,
Con el satélite encontramos algunas falencias de posesión. Tenemos dos
satélites en operación, estamos aprendiendo a fabricarlos, pero
aún no los fabricamos. Además dependemos de otros agentes para poder
lanzarlos al espacio. Por consiguiente, bajo este sentido de tenencia,
si bien aún no podemos decir que poseemos la tecnología satelital, sí
podríamos decir que estamos encaminados a tenerla.
Hay una observación crucial en este sentido de la tenencia de
tecnología asociada a la infraestructura: tenemos la capacidad
económica para adquirir la infraestructura.
Así las cosas, podríamos decir que tenemos infraestructura tecnológica
y, en aquellos casos en que no, podríamos decir que tenemos el poder
para adquirirla. Ahora bien, ¿significa esto realmente que tenemos
tecnologías venezolanas para producir automóviles, celulares y
satélites? La respuesta se nos cierne mejor si consideramos ¿qué
sucedería si los agentes externos en donde se fabrica la
infraestructura nos negasen su adquisición?. En ese caso, tendríamos
que asegurarnos de que seamos capaces de construir y mantener
autóctonamente la infraestructura; seguridad que no tenemos en los
términos de nuestro presente actual.
Es evidente pues que la infraestructura, aunque esencial para la
tecnología, no es suficiente per se, pero definitivamente, al
igual que con el conocimiento, es una condición necesaria.
Una variante de la interpretación de tecnología como infraestructura
la compone el saber usarla. Puesto que es indudable que la
infraestructura no tiene valor si no se usa, está claro que el saber
usarla es otra condición de necesidad, pero aún no llega hasta la
suficiencia. A este tenor, ciñéndonos a nuestros tres ejemplos, y
sabiendo que disponemos de fábricas operadas por personal venezolano,
podemos decir que también tenemos el conocimiento de uso de la
infraestructura.
Tenemos pues infraestructura y sabemos operarla, cuando observamos
nuestra dependencia externa aprehendemos que esto no es suficiente
para decir que tenemos la tecnología.
La infraestructura y su dominio de uso son indispensables para la
tecnología, pero tanto inertes como operativas no la definen.
1.3 La metáfora del aserradero (cadena productiva)
Con el propósito de cernir la definición de tecnología que aquí
plantearemos, presentaremos la llamada metáfora del aserradero, la
cual esboza pictóricamente en la figura 1 y la
cual muestra un “sencillo” sistema tecnológico de producción de
bienes basados en la explotación maderera.
| Figure 1: Una descripción pictórica de la metafora del aserradero |
El sistema productivo está dividido en tres niveles. El primer nivel,
representado en la zona occidental o izquierda representa un bosque
con árboles de dónde se extraería la madera. Notemos que para mantener
este bosque confluyen varios saberes; por ejemplos, saber sembrar los
árboles, cuidarlos y talarlos oportunamente cuando sea el momento.
Toda la zona descrita en la metáfora es atravesada por un río que
funge de medio de transporte. La zona en la cual se encuentra el
bosque se denomina “aguas altas”, pues es la que respecto al río
se encuentra en las corrientes más altas.
Los árboles talados son arrojados al río y transportados por él hasta
aserraderos situados en las “aguas medias”. El aserradero procesa
los troncos y los convierte a estados intermedios, que no son bienes
terminados; por ejemplo, separa la corteza, las hojas y las rolas.
Finalmente, los bienes intermedios se envían a través del río hacia
las fábricas de bienes finales situados en la zona oriental o
“aguas bajas”.
Esta metáfora tiene la bondad de permitir presentar varias ideas de
interés en torno a un sistema tecnológico; cuestión a la cual nos
abocaremos en las subsecciones subsiguientes.
1.3.1 El carácter ubicuo de la red (el río)
Para que este sencillo sistema tecnológico funcione adecuadamente es
indispensable la transportación de los bienes del sistema a lo largo
de todos los niveles. En los términos de la metáfora el medio -o
parte- de transporte lo conforma el río. Del mismo modo, es necesario
que los productos en sus distintos niveles sean transportados a las
cadencias adecuadas.
Una afectación del medio de transporte, en cualquiera de los niveles
altos o medios puede afectar la cadencia de producción y comprometer
al sistema.
Para que el mundo tecnológico basado en esta metáfora funcione
adecuadamente, a través de largas distancias, interrelacionando
productivamente a desconocidos, es necesario el río. Sin él, sería
mucho más difícil, quizá imposible, que agentes con distintos
intereses, conocimientos e infraestructuras de producción se
interrelacionasen entre sí. El río interrelaciona distintos intereses
unificándolos en torno a quehaceres que especialmente se notan en las
aguas más bajas, que es en dónde aparecen los bienes y consumidores
finales.
En este punto es importante insistir en que sin medios como el río es
imposible mantener el sistema. El río conforma pues una suerte de
“red de interrelación” entre los distintos agentes productivos
sin la cual no sería posible el fluido productivo a través de los
niveles.
En los sistemas tecnológicos se aprecian redes de interrelación. Por
ejemplos, redes de transmisión de electricidad, redes de transporte
bajo la forma de sistemas ferroviarios o redes viales para el transito
automotor, o redes de telefonía o INTERNET para el comercio y gobierno
electrónico.
1.3.2 La dependencia entre los eslabones y niveles
Aunque una afectación sobre el transporte podría afectar a todo el
sistema, también lo podría hacer la afectación de alguno de los
eslabones. La magnitud de la afectación depende del nivel en
dónde se sitúe la parte afectada. Si por ejemplo una fábrica en
aguas bajas interrumpe sus operaciones, entonces se verán afectados
los consumidores de los bienes que produzca la fábrica afectada; pero
si la afectación ocurre sobre un aserradero, entonces esta afectará
proporcionalmente a todas las fábricas aguas abajo. Del mismo modo, si
ocurre una afectación en aguas altas, entonces se compromete todo el
sistema.
Lo esencial a aprehender en este punto es que cuanto más alto se
encuentre el ente productivo en las aguas, más crítico éste es en
términos del impacto que podría tener sobre todo el sistema
productivo.
1.3.3 El cuidado y sustentabilidad
El carácter de dependencia entre los componentes nos permite ver que
para que este sistema productivo sea perdurable a través de
generaciones, es necesario adecuar su producción y consumo a ritmos
que no agoten o expolien los recursos en aguas altas. Esto conlleva
una idea de cuidado sobre todas las partes de manera que se asegure su
sustentabilidad a través del tiempo.
Hay varias consideraciones en torno al cuidado, las cuales de algún
modo establecen prioridades y roles.
En primer lugar, hay que cuidar el bosque productor de la
madera. Debería de sernos evidente que la destrucción del bosque
acarrea una transformación radical, probablemente destructiva, de todo
el sistema productivo de la metáfora. Parecido ocurre, a nivel de
importancia con el río, el cual es un medio vital tanto para la
sanidad del bosque como para la operación de los medios de transporte.
Aunque menos prioritarias que las aguas altas, las partes situadas en
aguas medias también deben cuidarse; este cuidado se ejerce más a
nivel infraestructural con la pretensión de asegurar o mejorar la
calidad de los bienes intermedios.
Si bien está claro que las fábricas situadas en aguas bajas también
deben cuidarse, también está claro que es en este nivel donde se
aprecia mayor resiliencia, pues hay más diversidad y más posibilidad
de redundancia.
Finalmente, debe estar clara la necesidad de cuidado de la red (del
río). Fallas parciales y zonificadas son tolerables en la medida de su
escala, pues sólo afectarían las zonas circundantes. Pero una falla
completa podría colapsar el sistema.
Respecto a la red es importante plantear dos observaciones que a
nuestro juicio a menudo pasan desapercibidas:
-
Debido a que es lo que interconecta los agentes productivos, el
cuidado sobre la red es esencial. En ese sentido, el cuidado
debe estar orientado fortalecer la resiliencia y capacidad de
relación según el sentido (transporte en su instancia más
simple).
- La capacidad de interrelación de la red limita la capacidad
productiva. Por consiguiente, cualquier voluntad por aumentar
la capacidad de producción requiere evaluar el estado de la red
y eventualmente considerar un aumento en su capacidad.
La importancia y prioridad del sistema de esta metáfora va desde la
red (o transporte), luego las aguas altas, después las aguas medias,
hasta finalmente llegar a las aguas bajas. Un plan de apropiación
tecnológica debe tener en cuenta este orden. Si, por ejemplo, se
instancia una fábrica en aguas bajas, entonces, aparte de tener un
mercado destino asegurado, se debe contemplar el estado de los
suplidores en aguas más altas. Si en la línea de este ejemplo los
insumos son externos, entonces se debe tener una seguridad de
provisión o un plan de sustitución local para el futuro.
1.3.4 El conocimiento
Bajo nuestra metáfora el rol del conocimiento, su enseñanza e
investigación se interpreta de varias maneras.
Es necesario formar a potenciales obrantes en los distintos niveles de
este sistema. Para ello se requieren procesos de enseñanza e
instituciones consagradas a ese fin. Bajo este perspectiva el
cocimiento puede dividirse en diversos tipos: operación,
mantenimiento, reparación y fabricación, tanto de los bienes que
circulan por el sistema como de sus infraestructuras.
También se requieren procesos de investigación, de generación de nuevo
conocimiento, con dos pretensiones. La primera es el mejoramiento de
los bienes. La segunda es el cuidado de todos los procesos vistos como
partes y como un todo, cuales son dos miradas diferentes pero que no
deben estar disociadas. Este tipo de investigación es muy importante,
pues es la que proporcionaría mejor mirada para identificar amenazas
al sistema, detectar problemas y encontrar soluciones.
1.3.5 La infraestructura
También debe estar claro que en todos los niveles se requiere
infraestructura y capacidad para usarla y conservarla. De allí pues
que el cuidado del sistema se extienda también a ella, pues sin ella
no es posible mantener el sistema.
1.3.6 La idea de institución
Para que el sistema de nuestra metáfora sea sostenible y estable,
deben existir instituciones en todos los niveles que se dediquen a las
tareas inherentes a su nivel. Nos referimos a instituciones desde la
perspectiva social; es decir, especies de organizaciones y gobiernos
entre las comunidades de obrantes que garanticen y regulen
comportamientos individuales acordes al bien del sistema.
Lo anterior lo vemos en las distintas partes de la
metáfora. Hablaríamos de distintas instituciones. Sin embargo, todo el
sistema como tal puede interpretarse como una sola institución.
Notemos que sin este carácter de institución, sea explícito bajo la
forma de una organización jurídica en nuestros cánones sociales, o
implícito bajo un conjunto de conductas homogéneas, no es posible
asegurar la estabilidad del sistema objeto de nuestra metáfora.
1.3.7 La conciencia dentro del sistema
Pensemos en un obrante en alguna parte de nuestro sistema aserradero y
reflexionemos acerca del conocimiento que él pueda tener sobre todo el
sistema. Llamemos “conciencia del sistema” a esta suerte de
conocimiento.
Supongamos por ejemplo un leñador. Si la institución está acorde con la
totalidad del sistema, entonces podríamos esperar de él una conducta
equilibrada respecto a su oficio que no ponga en peligro todo el
sistema. Sin embargo, al tener nuestro leñador focalizada su
conciencia en lo local, él tendría restringida su conciencia respecto
a eventos que ocurran aguas más abajo. Consecuentemente, ante eventos
imprevistos, le sería más difícil tomar decisiones inherentes a su
oficio que tomasen en cuenta tales imprevistos. Por ejemplo, supongamos
que el aserradero sufre un problema que causa su paralización. Ante
este suceso, a efectos de mitigar la congestión en aguas medias, en el
ínterin en que se solventa el problema, lo mejor que podría hacer el
leñador es ralentizar o detener el ritmo conque corta los
árboles. Ahora bien, para que nuestro leñador hipotético entienda y
conciencie el que se le informe la falla y se le solicite la
ralentización, él debe tener conciencia de la totalidad del
sistema. Sin esta conciencia, nuestro leñador sería menos propenso a
cooperar conscientemente.
Por el hecho de encontrarse a la vez como recibidor y productor, los
agentes que se encuentren en aguas medias tienen mejores posibilidades
de aprehender la conciencia global del sistema.
En aguas bajas la conciencia esta más limitada. Para comprender el
porqué debemos aclarar que en este nivel hay dos perspectivas. La
primera de ellas es la de un obrante que tenga conciencia de una de
sus fábricas. Como receptor de bienes intermedios procedentes del
aserradero y productor de un bien terminal, este agente podría tener
una perspectiva equiparable a la de uno en aguas intermedias, pero
esto depende que cuán tanto tenga en cuenta que hay otros bienes
terminales.
La segunda perspectiva es la más delicada, pues representa al
individuo que es mero consumidor de bienes acabados. Notemos que este
es el individuo con menor capacidad de aprensión de la totalidad entre
los que conforman nuestro sistema hipotético. De hecho, podría suceder
que esté completamente desinformado de todo lo que acontece aguas
arriba. Peor aún, podría suceder que este individuo no esté supeditado
por ninguna de las instituciones que conforman el aserradero, o
inclusive no tener clara la existencia de instituciones más cercanas
aguas abajo.
Quizá la clase de consciencia menos evidente es la de la red; en los
términos de nuestra metáfora sería la consciencia acerca la existencia
e importancia esencial del río.
Hay dos observaciones adicionales que juzgamos importantes a captar
aquí. La primera es que cuanto más largo y ancho es este sistema
metafórico, más difícil es aprehender la conciencia global. La
segunda, no menos importante, es que es desde la perspectiva del
consumidor final, quién mayoritariamente consume los productos
manufacturados en aguas bajas, en donde más se dificulta la mirada
global sobre el sistema.
1.3.8 La idea de propiedad
Según la metáfora planteada, ¿cuáles condiciones deberíamos
cumplir para decir que el sistema del aserradero sea nuestro?. En la
medida en que podamos decir que es nuestro, mejor podemos decir que
ejercemos soberanía. Para entender la soberanía debemos mirar el
asunto desde dos cualidades: la autoctonía y la autonomía.
Por autoctonía entendemos que el objeto de lo autóctono sea originario
de nuestra cultura.
Por autonomía entendemos que sea dentro de la cultura en la cual se
circunscriba el sistema desde dónde se ejerzan las decisiones de
su gobierno.
Notemos que estas dos cualidades están interrelacionadas y bajo
algunas ópticas podrían considerarse dos facetas de la misma
cosa. Es más difícil gobernar lo que no se posee y es más difícil
poseer lo que no se gobierna.
Hay varias aristas para dar cuenta a la pregunta inicial.
Evidentemente, un modo esencial de posesión es el territorial sobre el
sistema. Desde este ángulo, cuánto más poseamos territorialmente
distintas partes en los distintos niveles de aguas más autóctonos
somos. Si por ejemplo el aserradero se encontrase en otra latitud,
probablemente ello significaría mayores costes de transporte y la
mayor dependencia de lo externo, lo cual por supuesto es el nivel en
dónde se daría la mayor pérdida de autoctonía y autonomía.
La autoctonía también atañe a que la fabricación de la infraestructura
y sus usos sean originarios de la cultura. En todos sus niveles.
En este estadio del discurso debe ser claro entender que cualquier
idea de posesión sobre un sistema tecnológico pasa por la posesión de
la red que interrelaciona a los agentes productivos a través de todos
sus niveles. Sin plena posesión del medio de interrelación es
más difícil hablar de autonomía y autoctonía.
Para poder ejercer autonomía se requiere comprensión del sistema, lo
cual está relacionado con la conciencia que mencionamos
en § 1.3.7. A su vez, esta conciencia requiere de la
presencia de una red de instituciones que preserven los saberes
involucrados. Del mismo modo, para que autonómicamente se identifiquen
amenazas y/o se ejerza defensa o preservación ante contingencias, se
requiere que estas instituciones tengan capacidad de
investigación.
1.4 ¿Qué es la tecnología?
En este estadio del discurso, aclaradas las principales confusiones y
discutida la metáfora del aserradero, estamos listos para enunciar una
definición de tecnología más apropiada al propósito de este opúsculo.
La tecnología es la supra-institución que organiza a las personas en
torno a otras instituciones de producción necesaria para nuestro modo
de vida (según sea la cultura).
Bajo esta definición y amparados por la metáfora del aserradero,
podemos ver a la tecnología como una red de relaciones productivas
entre distintas instituciones de producción de bienes y servicios. Una
representación pictórica y objetiva sería como en la
figura 2; es decir, como un grafo con nodos que
representan los productores (las elipses) y arcos dirigidos (las
líneas con flecha) que representan las relaciones entre los
productores a través de las cuales circulan bienes y servicios.
| Figure 2: La representación de la tecnología como una red de agentes
productivos |
Hay un paralelo entre esta representación y la metáfora del
aserradero. Los nodos sin arcos de entrada, situados lo más izquierda
de la figura, representan nodos en la aguas más altas; es decir,
extracción de materia prima. Los nodos terminales, situados lo más a
la derecha y sin arcos de salida, representan los productores en las
aguas más bajas. Los nodos restantes se encuentran entre las aguas
medias, siendo su cualidad de intermedio función de su cercanía con
las aguas altas y bajas.
Los arcos en el grafo representan las relaciones entre agentes
productores. Ahora bien, al igual que como ocurre en los sistemas
tecnológicos reales, en esta representación pictórica debe prestarse
especial cuidado al hecho de no perder de vista al río, o sea, el
medio de interrelación entre los productores.
Aparte de ser sumamente compleja y vasta como supra-institución, la
tecnología vista de esta manera plantea otro ámbito de prioridades
según las incidencias que tengan en nuestras vidas: alimentación,
transporte, mantenimiento del nivel de vida (salud, ropa, servicios
básicos, etc), gobierno, educación, etc. Por simplicidad, podríamos
considerar redes productivas separadas por cada rubro (aunque en
muchos casos eso no sea estrictamente correcto).
Considerando nuestro modo de vida y la circunstancia geopolítica
mundial, la tecnología como supra-institución tiene carácter
planetario. En cierta forma, por más autenticidad que una cultura
quiera proclamar, ésta está sometida al canon tecnológico que imparte
esta supra-institución.
Siendo pues la tecnología una supra-institución planetaria, resulta
pues muy difícil que una cultura asociada a una nación posea soberanía
absoluta sobre ella. Más bien podría decirse que de cierta manera es
la tecnología la que ejerce soberanía sobre las culturas. Empero, a
pesar de esto, es deseable y realizable que una cultura ejerza
soberanía tecnológica en los rubros básicos asociados a las
necesidades de vida fundamentales, especialmente la alimentación y el
mantenimiento de los servicios básicos de vida: salud, educación,
electricidad, agua, telefonía, manejo de desechos, etc, así como en el
establecimiento y mantenimiento de las redes de interrelación entre
los productores.
La soberanía sobre la tecnología es pues la soberanía sobre nuestro
modo de vida. Visto así, es propicio el momento para observar, sin
profundizar, pues escapa del ámbito de este escrito, que esto pasa por
una valoración profunda que medite acerca de cuán bueno es vivir bajo
el canon de la tecnología.
1.5 Tipos de fuerzas en juego
Bajo la idea de que la tecnología de un país o cultura puede
interpretarse como una supra-institución, podemos interrogarnos por la
estabilidad de la tecnología como institución. En este sentido,
basándonos en las reflexiones de Fuenmayor [Fue00], las
instituciones viven sometidas a distintos tipos de fuerzas. Por una
parte, hay fuerzas perpetuadoras, es decir, que operan para preservar
la institución. Por otra, tenemos fuerzas transformadoras, o sea, que
operan para transformar, bien sea con sentido de mejora o de
destrucción.
Como institución, en el seno de la tecnología, pero más especialmente
en el de sus subinstituciones, se plantean costumbres, normas de
comportamiento, reglas de gobierno, órdenes sociales y, no puede
faltar, juegos de poder que varían desde lo individual hasta grupos de
variadas escalas. Estos rasgos pueden ser perpetuadores o
transformadores.
Puesto que la tecnología es una supra-institución mundial, el ámbito
de sus juegos sociales tiene rasgos geopolíticos, los cuales, según la
criticidad con las relaciones de dependencias productivas puede
adquirir visos de asuntos de poder geopolítico. Aquí las índoles
de las fuerzas también pueden ser perpetuadoras o transformadoras.
En virtud de lo anterior nos conviene dividir las fuerzas que
operan sobre la tecnología en dos tipos: internas y externas. Las
internas son las que emergen desde y operan dentro de la nación. Dado
que hablamos de tecnología como institución, a lo interno estas
fuerzas se presentan de dos modos: acciones desde subinstituciones y
actitudes culturales.
Las fuerzas externas son las que provienen desde ámbitos externos a la
nación y se ven sobre todo como acciones. En este tipo encajan las
fuerzas geopolíticas provenientes desde otras culturas y las fuerzas
ambientales2.
Hay un ámbito de fuerza en juego que se nos develará más en la
siguiente subsección: la posesión de la red de interrelación, su tipo
y su capacidad.
1.6 La red de interrelación como supraestructura
Los sistemas tecnológicos exhiben redes de interrelación en diversos
ámbitos, especialmente los de transporte, comunicación e
información. Para aprehender fácilmente por qué, son convenientes
algunas reseñas históricas vinculadas a lo que hoy asociamos con la
tecnología moderna.
Históricamente Inglaterra es considerado el primer país del planeta en
haberse industrializado. No es casualidad que para esa época -siglo
XVIII- Inglaterra ya tuviese consolidadas una red de transporte
interna y la red marítima más grande del planeta. Inglaterra fue la
cultura emblema de la revolución industrial. A ese respecto, tampoco
parece casualidad que para sus tiempos más fervorosos -siglo XIX- esta
cultura ya poseía una extensa red ferroviaria, creada y mantenida
autóctonamente, o sea, con tecnología propia. Es propicio resaltar que
para aquellas épocas Inglaterra ya tenía, aunque elitescas, redes de
enseñanza, divulgación e investigación académica, lo cual cobra
importancia cuando consideramos que mucho de la revolución industrial
se debió a los avances científicos aplicados a la ingenierías.
La industrialización de la otrora Unión Soviética fue precedida por la
construcción y consolidación de sus redes de transporte, comunicación
y electrificación. Paralelo a ello esta cultura también se preocupó
por construir una red académica de generación y apropiación de conocimiento.
Para la fechas de los acuerdos de Breton Woods, la estrategia de EEUU,
quién para ese entonces conformaba la cultura más productora del
planeta, consistió en asegurar una red comercial por todo el planeta
que le asegurase oferentes de materias primas para sus manufacturas y
mercados para sus ventas. Paralelamente durante los años posteriores a
estos acuerdos EEUU se aseguró de contar -y aún se asegura- con un
flujo intelectual inmigratorio de apoyo a su academia.
La mayoría de las culturas que hoy en día son consideradas
“desarrolladas”, especialmente las más recientes, por ejemplo Corea
del Sur, han tenido como común la apropiación inicial de sus redes de
interrelación local y su inserción en las redes mundiales, así como
también el tejido de una red académica.
Hoy en día, a pesar del crecimiento económico de muchas culturas, y
del desplazamiento de EEUU como la cultura más manufacturera del
planeta, muy pocos dudan de su “superioridad tecnológica” y
comercial. Actualmente, las redes vinculadas a las tecnologías de
información son transversales a todos los ámbitos de la vida,
educación, cultura, investigación, producción industrial, etc. Resulta
pues bastante notable la vanguardia de EEUU en instituciones
vinculadas a las tecnologías de información. Y cuando en retrospectiva
miramos la historia de las instituciones estadounidenses en
informática, nos percatarnos de que esta cultura fue la que más
invirtió en investigación y emprendimiento en tecnologías
informáticas. Sin pretensión valorativa, nuestro modo de vida actual
se sustenta en un cambio estructural, propiciado por la aparición
desde las ciencias computacionales de una nueva red, que acaeció entre
finales de los 80 y principios de los 90.
Así las cosas, vemos que al crearse un nuevo tipo de red aparece una
nueva fuerza que muchas veces motoriza un cambio estructural y que
conforma una variable esencial en los juegos geopolíticos de poder.
La red de interrelación (el río) entre los agentes productores
conforma pues una supraestructura de la cual ellos dependen. Una
afectación en esta red acarrea un cambio estructural en el sistema
productivo y por tanto en el sistema tecnológico. Para entender
fácilmente el porqué de la afectación estructural, simplemente
remitámosnos a la metáfora del aserradero y contemplemos las
modificaciones que sobre el sistema podría acarrear una alteración en
la naturaleza del río. Por ejemplo, si el cauce cambia entonces se
tendría que afectar la localización del aserradero. Análogamente,
cambios en el caudal podrían implicar cambios en las cadencias de las
interrelaciones. Como caso extremo consideremos una transformación
radical sobre el río, por ejemplo, que éste se seque completamente. En
este caso, el sistema se transformaría completamente y quizá dejase de
existir.
De cierta forma los cambios tecnológicos son cambios en la capacidad
de la red, el grado de posesión, pero más especialmente, en la
aparición de una nueva clase de red.
1.7 El camino hacia una soberanía tecnológica
Bajo el contexto de la interpretación de la tecnología como una
suprainstitución, planteémonos de nuevo la idea de soberanía. Así,
en los términos objetivos de una red de producción, la soberanía
sería función de:
-
Faceta autóctona:
- la posesión territorial y el dominio sobre
la fabricación y uso de los nodos de producción, desde
las aguas altas hasta las más bajas, en los ámbitos
esenciales para nuestro modo de vida.
Cuanta mayor posesión de eslabones se posea en las cadenas
productivas, mayor independencia se tendría y, por
consiguiente, mayor soberanía.
- Faceta autónoma:
- la capacidad de gobierno y control ante las
distintas fuerzas que operan, transformadoras y
perpetuadoras, internas y externas, sobre las cadenas
productivas.
- Faceta estructural:
- la posesión de la red de interrelación
(autoctonía) entre los agentes productores (el río). En
esta faceta, cuenta como posesión el grado de control y
gobierno (autonomía) que se tenga sobre la red y su
capacidad.
Dado el carácter planetario de la tecnología, esta faceta
contempla el grado de interconexión con otras redes
infraestructurales planetarias. Consideremos como ejemplo
el poder que tenga una nación sobre su marina mercante.
Bajo estas consideraciones, un plan de apropiación tecnológica o de
mantenimiento de su soberanía debería priorizar según los siguientes
lineamientos principales:
- Siendo la red de interrelación la supraestructura sobre las
cual se sustenta el sistema tecnológico, una cultura debe
garantizar en la medida posible la apropiación de la red de
interrelación en que operan su principales rubros.
Del mismo modo, si algún rubro productivo no existente, o
débil, se revela prioritario para una cultura, entonces ella
misma debe asegurar la mayor apropiación posible de la red de
interrelación en la que desenvuelva el rubro en cuestión.
- El Sentido de importancia de apropiación y posesión sobre los
nodos productivos va desde las aguas más altas hacia la más
bajas. A este tenor, los nodos en las aguas altas son más
prioritarios que los de las medias y éstos últimos más
prioritarios que los de las bajas.
La razón de esta priorización se explica por la
independencia. Los nodos en las aguas más altas son los menos
dependientes, no sólo de otros eslabones productivos, sino de
fuerzas externas.
- Los rubros de cultivo tecnológico se priorizan por su
importancia para el modo de vida de la cultura.
El sentido de priorizar por rubros es la preservación de la
cultura según sus cánones, los cuales no necesariamente tienen
que se universales, sino que podrían ser muy específicos y
distintos a los de otras culturas.
Una cultura que no sea capaz por sí misma de producir sus
rubros esenciales para su vida (alimentación y servicios
básicos) está más fácilmente a la merced de fuerzas
destructivas, tanto internas como externas.
Transversal a estos lineamientos se debe prestar especial atención a
dos aspectos de cuidado del acervo tecnológico.
1.7.1 El rol de gobierno en la tecnología
Siendo la tecnología esa suprainstitución que para bien o mal domina
nuestro modo de vida, rige nuestra producción y por consiguiente
nuestros quehaceres económicos, debe sernos claro que el gobierno de
una cultura se relaciona con el gobierno de la tecnología.
Desde nuestra representación de la tecnología como una red productiva
nos aparecen como intereses de gobierno la apropiación cultural de
los nodos productivos en sus distintos niveles y sus redes de
interrelación.
Así, desglosamos dos modos de gobierno. El primero lo constituye el
forjado explícito de actitudes culturales. En este aspecto, ceñido al
canon republicano tradicional, el principal medio es la elaboración y
propugnación de leyes tendientes al cuidado tecnológico.
El segundo modo lo conforma el conjunto de lineamientos y acciones
económicas. Puesto que el asunto económico está fuera del ámbito de
este discurso, mencionaremos los aspectos principales que deben
mirarse cuando se emprenden políticas económicas orientadas hacia la
apropiación tecnológica.
Las acciones y efectos de gobierno sobre los nodos en aguas bajas son
más inmediatamente perceptibles por la mayoría de la población, la
cual casi siempre funge de cliente. Debido a su dependencia aguas
arriba, en estas aguas es más reducido el margen productivo. Nótese
que en el fondo, si se desea aumentar la satisfacción aguas abajo,
entonces probablemente sea necesario aumentar la producción en aguas
medias y así recurrentemente aguas arriba. Como muchas veces la
mayoría de los consumidores en una cultura se sitúan en las aguas más
bajas, podría haber una propensión política hacia las aguas bajas en
desdén de las de arriba, pues se satisface más inmediatamente, pero
más efímeramente, a los consumidores.
Otro peligro de sólo mirar las aguas bajas es la exacerbación del
consumismo, clientelismo y de pérdida de perspectiva del sistema
tecnológico global, máxime si también se descuida la red de
interrelación.
Hay muchas cosas que un gobierno debe velar cuando emprende un plan
de apropiación tecnológica. Pero una de las más importantes es
asegurarse de que la producción fluya sin desvío, a través de los
distintos niveles productivos autóctonos, hasta que finalmente llegue
a los consumidores finales. Un gobierno que en pos del bienestar de
su cultura favorezca a su empresariado y les dé todas las facilidades
y privilegios, tiene que asegurarse de que los cauces productivos
fluyan endógenamente; es decir, a través de sus redes de
interrelación y hacia nodos o consumidores finales de su propia
cultura. A veces, por falta de estructura (red) o por estrategia esto
no es posible o deseable. Estos casos de exportaciones, aún las
exclusivas en el sentido de que sus manufacturas no sean consumidas
localmente, no tienen por qué condenarse, siempre y cuando sus cauces
de retorno de inversión se destinen a nodos dentro del sistema
productivo.
1.7.2 El rol de la enseñanza e investigación
En § 1.1 señalamos que si bien el conocimiento no es
la tecnología sí le es una parte esencial. Aunque muchas veces se
confunde a la tecnología con el conocimiento, otras veces se
descuida, e inclusive se desprecia, la necesidad de instituciones
consagradas al cultivo del conocimiento y la investigación. La
presencia de estas instituciones en una cultura es más importante que
la infraestructura, pues son ellas las que permiten crear y mantener
las instituciones de producción, ergo de la tecnología. Debe pues
prestarse especial atención al cultivo y cuidado del acervo
tecnológico a través de la investigación y enseñanza y sin distingo
del ámbito de conocimiento.
Aquí consideramos tres niveles. En primer lugar la investigación con
pretensión de mantenimiento o mejora, por ejemplo, para hacer más
eficiente un proceso tecnológico o para la creación de uno nuevo. En
segundo lugar, quizá mucho más importante y esencial, la
investigación con pretensión de cuidado. Esto último consiste en
averiguar cuáles son las potenciales fuerzas, internas y externas,
perpetuadoras y transformadoras, que intervendrían en los nodos
productivos, así como la manera en que se podría lidiar con las
fuerzas en juego. Finalmente, un tercer y esencial nivel es
prospectivo y consiste en identificar las fuerzas estructurales que
podrían afectar el sistema, especialmente en la red de interrelación.
Puesto que en el conocimiento es esencial su institucionalización y
preservación, no conviene restringir los temas y modos de
investigación. Por supuesto, esto no impide que se establezcan
estímulos a ciertas áreas en función de los nodos productivos o, más
importante, el cuidado o creación de redes de interrelación
vinculadas al conocimiento mismo, por ejemplo, la red Wikipedia,
cuyos usos y beneficios, al margen de las críticas, nos parecen
evidentes.
Históricamente la institución destinada al cultivo y cuidado de la
cultura, y por consiguiente en este caso de la tecnología, es la
Universidad o Academia. Señalado esto, es menester observar que en
estos tiempos la Academia se asocia más a la investigación con
pretensión de mejora local, especialmente la eficiencia y ganancia
económica en algún rubro o nodo, que al cuidado general del sistema
productivo, lo cual tiene mucha mayor prioridad.
1.7.3 La relación entre la tecnologia, la economía y la
política
Con las consideraciones anteriores podemos enunciar con menos
riesgo de incomprensión una tríada relacional.
En primer lugar, hay una estrecha relación entre la economía y la
tecnología, especialmente cuando se pretende forjar esta
última. Consecuentemente, un problema de apropiación tecnológica es un
problema de economía.
En segundo lugar, puesto que se trata de un problema económico dentro
de una suprainstitución (la tecnología) que de manera ubicua domina
nuestros modos de vida, la tecnología es, nos guste o no, un problema
político.
Finalmente, y esto es quizá lo más polémico de mirar o aceptar, la
tecnología supedita a la política. Como ayuda para la aprensión,
notemos que el grado de apropiación de la tecnología proporciona
capacidad productiva y poder de coacción sobre otros sistemas
productivos.
2 Tecnología en Venezuela
Al margen de sus resultados actuales, cuando examinamos las políticas
económicas venezolanas encontramos que ellas han sido empleadas
exitosamente en otras culturas para engendrar producción y
tecnología. Así, con el propósito de brindarle sustento al argumento,
las reseñaremos sucintamente.
2.1 Resumen de las políticas venezolanas que pueden considerarse
orientadas al desarrollo
Quizá el mayor peligro para las economías en desarrollo sea la
volatilidad de los capitales de inversión extrajera y la fuga de los
capitales nacionales. Para mitigar este peligro, el gobierno
venezolano impuso restricciones a la convertibilidad de su moneda a
través de un control cambiario de sus divisas. Este tipo de control se
ha aplicado temporalmente en muchas latitudes, incluidas algunas
economías de los hoy llamado países desarrollados. Debe tener un
carácter temporal porque a largo plazo termina desestimulando a la
inversión extranjera, lo cual podría haber ocurrido en el caso
venezolano.
Sin embargo, a pesar del control cambiario Venezuela ha tenido
considerable inversión extranjera. Si bien una gran parte ha sido en
el sector petrolero, también lo ha sido en otros rubros involucrados a
la tecnología; por ejemplo, en las telecomunicaciones, infraestructura
para la agricultura y algunas nuevas fábricas en distintos niveles
productivos.
En el sector educativo se han hecho cuantiosas inversiones en todos
los niveles: primaria, secundaria y universitaria, hasta el punto que
hoy en día Venezuela es uno de los países con mayor matrícula
universitaria.
El conocimiento libre y abierto ha tenido una muy fuerte promoción. El
uso de software libre en la administración pública es nominalmente
obligatorio.
El gobierno ha demostrado un fuerte poder intervencionista. Esto es
importante de destacar porque, de ser justos y de encontrarse
sustitutos de emprendimiento apropiados, se podrían intervenir rápida
y efectivamente los nodos productivos que sean ineficientes. En
realidad esto ha sucedido con empresas consideradas improductivas o
especulativas, en diversos sectores, a tal punto que se han efectuado
expropiaciones en los sectores agropecuario, alimentario y
construcción civil. Lamentablemente, a juzgar por la escasez
subsecuente en los sectores asociados a las empresas expropiadas,
parece que el gobierno no ha sabido encontrar gerencias sustitutas
efectivas.
Finalmente, el gobierno ha promovido abiertamente un discurso de
soberanía e independencia. Lo que cuando menos sugiere, aunque no
demuestra, una voluntad por ganarlas.
Políticas de estos estilos han sido aplicadas con éxito en Corea del
Sur, el Japón de la era Menji, la China comunista, la otrora Unión
Soviética, la India y Brasil.
Paralelo a las políticas anteriores, Venezuela ha recibido en la
última década una gran cantidad de ingresos de capital resultantes de
la renta petrolera. Puede decirse sin riesgo de equívoco que no ha
faltado capital de inversión para la apropiación tecnológica.
Ahora bien, a la fecha de redacción de este escrito, está claro que
Venezuela padece graves problemas económicos y productivos, por
consiguiente, políticos, y por consiguiente, tecnológicos.
Una crítica sobre las eventuales incompetencias, errores del gobierno
y fuerzas internas y externas que en el campo económico han operado en
contra de Venezuela está fuera del ámbito de este escrito. Nuestro
interés en señalar brevemente las políticas económicas es mostrar que
Venezuela ha dispuesto de herramientas que algunos han señalado como
necesarias para la apropiación tecnológica [AY00]. Surge pues
preguntarse ¿qué es lo que la dirigencia tecnopolítica venezolana no
ha sabido comprender como para que, con los recursos suficientes y la
aplicación de políticas exitosas allende, no haya logrado avances en la
apropiación de su soberanía tecnológica?
En lo que sigue de esta sección, propondremos y discutiremos un
diagnostico muy breve y general del estado de la tecnología en
Venezuela con base a la definición de tecnología planteada en la
sección anterior. La intención es facilitar un contexto referencial,
perfectamente refutable, que facilite futuras discusiones. No debe
considerarse como un diagnostico certero y consumado, sino como una
propuesta que intenta dar cuenta del problema.
2.2 Panorama general
El panorama general de la tecnología en Venezuela puede resumirse en
una expresión: “fragmentación tecnológica”. La
figura 3 muestra una representación pictórica, con
base a la figura 2, del estado de la tecnología
venezolana vista como una red. Por fragmentación entendemos la
imposibilidad de aprehender el sistema como unidad nacional, así como
la incapacidad cultural para proyectarse en la totalidad de un sistema
tecnológico planetario.
| Figure 3: La representación de la fragmentación tecnológica
venezolana |
2.2.1 Los niveles
En resumen, en prácticamente todos sus rubros críticos, o sea,
aquellos que son esenciales para el modo de vida, la red productiva
venezolana posee muy pocos nodos respecto a la red tecnológica global
inherente a cada rubro.
Mencionaremos los rubros productivos que nos parecen que son de mayor
interés.
Hay unos pocos nodos en aguas altas que corresponden a la extracción
de materia prima mineral; hierro y aluminio, por ejemplos. Salvo en
el sector de la construcción civil, el mercado de estas materias
primas es externo.
En el nivel de aguas altas también se tienen importantes y
suficientes recursos agropecuarios como para ser completamente
soberanos, pero sobre estos valiosos recursos no existen suficientes
nodos productivos en aguas altas ni una red productiva aguas abajo que
sea suficiente para garantizar el autoabastecimiento.
En el sector de la salud la red productiva es prácticamente
inexistente, lo cual se traduce en una completa dependencia de
importaciones en insumos médicos y farmacológicos. Podría decirse
que, parecida a la situación de Irak luego de la primera guerra del
golfo, en Venezuela aumentaría considerablemente la tasa de
mortalidad si súbitamente fuesen interrumpidas aquellas
importaciones.
No podemos dejar de mencionar un nodo muy peculiar y crítico
conformado por la extracción de petróleo. Se trata de un nodo en las
aguas más altas que conforma el principal insumo energético de la
tecnología misma; es decir, de la red productiva mundial. En este
rubro la red productiva también está fragmentada y se hace notable la
dependencia absoluta de insumos y tecnologías externas.
En aguas medias existen algunas industrias, las cuales aunque están
sectorizadas territorialmente, no se circunscriben dentro de una red
productiva completa, pues la mayoría de ellas dependen de insumos
importados. Parecería que la mayor parte de estos nodos están
orientados a proveer algunos insumos para los servicios básicos. Aquí
se nos presenta una observación de mucho interés: con todas las
críticas, válidas o no, Venezuela, así como la mayoría de países
latinoamericanos, en contraste con otras culturas, especialmente
algunas africanas, dispone de instituciones con cierta estabilidad
para brindar los servicios básicos. Esto es importante de destacar
porque denota capacidad cultural para forjar instituciones y
mantenerlas.
Respecto a las aguas más bajas, cual podría decirse compone a la
mayoría de la industria venezolana, su gran mayoría depende de
insumos importados.
La mayor parte de bienes finales de sofisticación tecnológica,
por ejemplo los del mundo de la electrónica, son de manufactura
foránea. El gobierno actual ha fomentado el ensamblaje local de
algunos de estos bienes, pero sin plan visible de apropiación de la
cadena de dependencias. Ejemplos de esto lo conforman los celulares,
computadores, decodificadores de TV digital y automóviles ensamblados
localmente. Sin embargo, de no ser por la presencia de un mercado
local que los consuma, estos rubros fungirían de maquilas
tecnológicas.
Menester recordar, como lo observamos en § 1.7.1, que la
mayoría de lo bienes producidos en aguas bajas están orientados al
consumo individual y no público. Consecuentemente, si sólo se
estimula la producción en este nivel, entonces aumentan las
probabilidades de aumentar el consumismo, clientelismo y las
importaciones, así como se restringe la capacidad cultural de mirada
sobre la tecnología. Los clientes y consumidores tienden a sólo ver,
y parcialmente, el contexto de aguas bajas. En rigor a los hechos,
hay que conceder que a nivel de la moral política, los logros en
aguas bajas pueden conformar suertes de “victorias tempranas”.
2.2.2 La red de interrelación
Si ya de por sí el estímulo a la producción en aguas bajas conlleva
riesgos respecto al consumismo, el descuido en las redes de
interrelación lo exacerba. Por otro lado, las degradaciones en las
redes de interrelación aumenta severamente la fragmentación
tecnológica. Para entender esto es menester examinar las principales
y más obvias redes de interrelación.
La primera y más tradicional red de transporte de insumos es la
terrestre, bien sea a través una red ferroviaria o mediante el
transporte automotriz pesado en una red vial.
A pesar de que se han emprendido proyectos modestos, en Venezuela aún
no existe una red ferroviaria. Lo que sí existe es una buena red
vial. A esto se aúna el hecho de que los costes por combustible
(gasolina) son bajísimos, del orden de los US $ 0.14 por litro. Por
tanto, de entrada, Venezuela debería tener costes de transporte
nominalmente bajos.
Una de las políticas del gobierno actual ha consistido en estimular
adquisiciones de vehículos automotores de uso individual. En el
período de 1991 hasta 1998, antes del gobierno actual, se vendieron
en total 886,286 unidades, lo que resulta en un promedio anual de
110,786. En cambio, durante el gobierno actual, durante el período
1999 hasta 2008 se vendieron 2,487,874 unidades, lo que resulta en un
promedio anual de 248,787, o sea más del doble [Ram11].
Ahora bien, uno de los efectos de este incremento en ventas de
automóviles ha sido un notable aumento en el tráfico
vial, tanto en el citadino como en el vial nacional. Este aumento ha
conllevado a una disminución de prestación tanto de los servicios de
transporte público citadino como de la red nacional vial de
transporte de mercancía. Como resultado, las vías colapsan, los
costes de transporte aumentan y la calidad de vida citadina se
perjudica al incrementarse el tráfico urbano y la contaminación
ambiental.
Vemos pues en este ámbito un indicio de los efectos que puede causar
el aumento de producción en aguas bajas sin contemplar las aguas
superiores y las prestaciones de las redes de interrelación.
Otra red de interrelación de interés la constituye la generación,
transmisión y distribución de electricidad. Siendo la tecnología
consumidora de energía, debería pues de esperarse que un aumento de
la producción conlleve un aumento de la necesidad de potencia
eléctrica. En añadidura el costo del kilovatio/hora de electricidad
venezolano es de aproximadamente en 3,1 centavos de dólar, uno de los
más baratos del mundo.
Debido a fuertes estímulos para la adquisición de bienes finales de
uso individual, especialmente electrodomésticos, aires
acondicionados, etc., la demanda de electricidad ha aumentado
considerablemente. Notemos que esta demanda no está propiciada por un
aumento de la producción sino por un aumento del consumo
individual. Este incremento acarreó una disminución de la reserva
mínima nacional e hizo al país vulnerable a fallas normales de
depreciación y a las resultantes de variaciones ambientales naturales
(sequía, lluvias, etc.). Como consecuencia, los racionamientos y
cortes eléctricos inesperados han aumentado drásticamente, con
consecuencias que deparan en intermitencias de funcionamiento en las
instituciones públicas y privadas.
De nuevo, encontramos otro indicio de los efectos que puede tener el
escalar la producción aguas abajo sin mirar a las aguas altas y a la
red de interrelación.
Hay más casos de estas políticas de estímulos productivos en aguas
bajas, verbigracia la telefonía e INTERNET, con derroteros parecidos,
pero cuya discusión por razones de espacio debemos omitir.
2.2.3 El conocimiento
En lo que concierne al conocimiento, encontramos una serie de modos
explícitos propugnados por el gobierno actual. Concretamente, la
promulgación del decreto 3390 sobre uso del software libre en la
administración pública y más recientemente la ley de
infogobierno. Estas políticas son importantes porque estipulan que el
conocimiento sea libre y abierto, es decir, que su apropiación no
esté restringida por poderes económicos privados. También estimulan y
facilitan proyectos nacionales de infogobierno y otros aspectos
relacionados con la identidad venezolana. Recientemente, aunque no
deja de ser una imitación cultural, se aprobó la emisión en el país
de licencias “Creative Commons”. Consideremos positivo a este
conjunto de modos porque forja actitudes que se oponen a fuerzas
privatizadoras del conocimiento, tanto provenientes desde lo interno,
como muy especialmente desde lo externo.
Cuando vemos a la Universidad no encontramos cambios significativos
para el forjado de una identidad tecnológica. En lo que respecta a la
enseñanza, las Universidades han tendido a interpretarse como
suplidoras de personal calificado, lo cual, si bien es importante y
puede ser consecuente de la formación universitaria, no es parte
misma de su fin cultural. El gobierno actual ha promovido la creación
de nuevas universidades, pero con el afán de masificar la enseñanza
superior, sin énfasis en que éstas produzcan conocimiento. A pesar de
esto, es deber destacar que esto ha permitido que una parte
importante de la juventud venezolana se encuentre en estudios.
Al mirar la investigación encontramos que la situación es
patética. Más o menos desde los años 80 del siglo pasado, la
investigación en la Universidad venezolana devino en su mayoría
maquilar; es decir, que el conocimiento generado era pertinente para
problemas y demandas allende. En ausencia de proyectos y agendas
nacionales con identidad venezolana, las políticas y acciones del
gobierno actual no han logrado transformar esta situación. Bajo el
rótulo de “agenda” o “proyecto” se han licitado reparticiones
económicas para apoyar la investigación e innovación; sin embargo, al
adolecer de falta de objetivos concretos y tangibles, así como de
cronogramas y obligaciones productivas específicas, estas agendas han
deparado en meras reparticiones de recursos, para cuya adjudicación
en muchos casos ha mediado el cabildeo. Gran parte de esta
problemática se explica por la ausencia de una identidad tecnológica
venezolana.
Los centros de investigación de muy alto nivel han mermado su
producción, probablemente debido a dos factores. Por una parte, el
gobierno les ha restringido sus líneas de investigación al
interpretarlos como meros solucionadores de problemas sin contemplar
mecanismos o estímulos de inserción en el sistema productivo. Por
otra parte, algunas instituciones de investigación, particularmente
algunas pertenecientes a las universidades autónomas, han devenido
agentes proselitistas al servicio de intereses de partidos políticos.
La Universidad venezolana como centro de cultivo y preservación de
la cultura es muy reducida.
2.2.4 El contexto mundial
De las reflexiones de la sección anterior debe estar claro que en
Venezuela no existe la tecnología como institución, lo cual es
explicable dada su historia y circunstancia geopolítica como suplidor
de petróleo de la industria planetaria. No obstante, especialmente
cuando notamos las apelaciones a la soberanía tecnológica,
esperaríamos un plan de apropiación e indicios de incorporación al
sistema productivo planetario.
Prácticamente los únicos indicios de conexión exterior lo constituyen
las exportaciones petroleras. A este tenor, uno de los pocos síntomas
de claridad tecnopolítica los encarnó el presidente Chávez en su afán
por establecer una red, con varios anillos, de abastecimiento
petrolero. En el primer anillo se establecieron convenios de venta
preferencial a países de Latinoamérica y del Caribe. El segundo
anillo lo constituye la adhesión de Venezuela al MERCOSUR y su
pretensión de serle su principal abastecedor de petróleo. Finalmente,
en el tercer anillo, a nivel de grandes volúmenes de ventas, se
diversificaron los compradores al mercado asiático en donde se
realizaron ventas a futuro a cambio de préstamos y conocimiento
tecnológico, especialmente con China, quién ha instaurado diversas
fábricas, la gran mayoría en aguas altas. Estas estrategias depararon
en un aumento del poder geopolítico, lo cual es una cualidad de
interés para la defensa ante fuerzas externas.
Si miramos la tecnología desde el contexto planetario, Venezuela se
tendería a ver sólo desde los extremos de las cadenas productivas. El
primer extremo conforma un nodo aguas altas, muy especial y esencial
para la tecnología mundial, desde el cuál salen grandes cantidades de
petróleo y algunas otras materias primas mineras. El otro extremo
sería en aguas bajas, en la cual ingresan la mayor parte de los
bienes de manufactura; algunos de ellos elaborados con materia prima
venezolana. En todas las aguas medias se vería una especie de hueco
dado por la ausencia de industria.
Por el lado de aguas altas, esta desproporción sugiere la presencia
de fuerzas e intereses externos en pos del control de los recursos
petroleros. Por el lado de las aguas bajas una fortísima dependencia
del sistema productivo planetario.
Así, aislando la importancia del petróleo como recurso, mas no el
poder económico no despreciable que éste brinda en el mercado
mundial, la mayoría la cultura venezolana es vista externamente más
abajo que las propias aguas bajas: como simples consumidores de
bienes terminales.
2.3 Conclusión
Al notar la variedad de interpretaciones de la tecnología, la mayoría
erradas en los términos de este escrito, la poca cantidad de
instituciones tecnológicas, muchas de ellas degradadas o en crisis y
disociadas del sistema productivo, y una notable falta de
productividad mínima que le permita a la nación venezolana una mínima
autonomía, no podemos sino concluir que la producción venezolana como
suprainstitución es prácticamente inexistente, que más bien ha
retrocedido. Todo esto con el pesar de que las voluntades ejecutiva y
política de los últimos años han pretendido ganar mayor soberanía
tecnológica, de que se han dispuesto suficientes capitales de
inversión y de que se han aplicado políticas ejecutivas y económicas
que en otras latitudes han dado resultados.
¿Qué ha sido entonces lo que no ha funcionado?
En propuestas previas ([Leó04], [FAA+07]) se ha pensado, y
así lo reiteramos en la presente, que el estado venezolano ha sido
víctima, sigue siéndolo y es resultado, de un profundo y descarado
robo cultural. Un primer matiz de ese robo es material y consiste en
una fuga de enormes capitales de la renta petrolera que sufre este
país desde aproximadamente unos cuarenta años. A pesar de las
políticas cambiarias y otras económicas, el gobierno actual no sólo
no ha podido detener este robo, sino que lo ha agravado al fomentar
más la crematística sin producción local. El segundo matiz es mucho
más grave: a la cultura venezolana se la ha enajenado la posibilidad
de concienciar el robo. Una de las mejores indicaciones de esto
último es el frenesí consumista que han causado las políticas de
importación y producción aguas abajo sin considerar los impactos
sobre las redes de interrelación ni contemplar cómo incorporar y
construir las cadenas productivas aguas arriba. La cultura venezolana
ha reducido pues su autoctonía al devenir mucho más dependiente del
exterior, lo que a su vez le ha ocasionado una pérdida de su
autonomía. Su posibilidad de construir una supraestructura de
tecnología está ahora más restringida.
Así pues, en los términos de la tecnología, Venezuela no posee una
supraestructura tecnológica mínima que le brinde identidad
productiva. Adolece también de falta de conciencia acerca de su
existencia (la tecnología), no sólo porque no la tiene ni nunca la ha
tenido, sino también porque carece de la capacidad para reconocerla
en el contexto cultural mundial y de verse a sí misma dentro de él.
Hay varias fuerzas en juego que han impedido la mirada y cultivo de
la tecnología venezolana. Enunciar y discutir cada una de ellas está
fuera del límite espacial de este escrito. Fundamentalmente
podríamos decir que, tanto a lo interno como externo, la principal
fuerza contra la tecnología, se encuentra, quizá paradójicamente, en
el rentismo petrolero y el robo que ya señalamos del cual aún se
sigue siendo objeto.
Del lado interno, la renta petrolera le ha otorgado al país un poder
económico desmesurado respecto al valor total de su escasa capacidad
productiva. Este hecho ha redundado en que con el tiempo se haga más
fácil económicamente sostener el modo de vida sobre bienes importados
en lugar de producirlos autóctonamente. A su vez, esta actitud ha
deparado en el círculo vicioso de la importación por sobre la
producción, eliminando o limitando severamente las fuerzas culturales
en pos de la propia producción local y fragmentando aún más la
capacidad de mirada sobre la totalidad productiva.
Del lado externo, la riqueza petrolera, esencial para la tecnología
mundial, atrae poderes extranjeros coaccionantes para la producción
local. Los agentes que inicialmente se interesaron en la extracción
petrolera fueron todos extranjeros, lo cual es explicable porque en
las épocas iniciales de la extracción petrolera la tecnología como se
nos presenta hoy en día le era desconocida a la cultura
venezolana. Por tal razón, no había ningún interés autóctono en
aprender y emprender la extracción petrolera. A esto hay que añadir
que durante aquellos inicios los poderes extranjeros impidieron
explícitamente el sembrado local de empresas petroleras.
Paulatinamente se fue ganando captación de ganancia y mayor autonomía
en la toma de decisiones de extracción. Sin embargo, a la fecha
actual, a pesar de poseer nominalmente una de las empresas petroleras
más grandes del planeta, no se puede decir que Venezuela domine
soberanamente su producción petrolera. Una indicación mostrativa de
ello son los contratos mixtos que se están suscribiendo con empresas
extrajeras para la explotación de la faja petrolífera del Orinoco, la
cual alberga las mayores reservas probadas del planeta. Si
se tuviesen suficientes fuerzas culturales internas, entonces en el
seno de la cultura venezolana habrían aparecido agentes productivos
que explotasen la faja, en lugar de los actuales agentes
extranjeros. Que las condiciones contractuales, la renta y su
repartición sean mucho mejores que las del pasado es bueno, pero
sería mucho mejor que todo el petróleo venezolano fuese
extraído por los propios venezolanos.
El hecho de que luego de más de una centuria de explotación petrolera
Venezuela aún no sea capaz por sí misma de extraer su propio petróleo
evidencia que no posee soberanía tecnológica sobre ese rubro. Al
sumar esto con su merma histórica, también “centurial”, del resto
de sus rubros productivos, podemos comprender en parte el robo que ya
hemos señalado.
3 Recomendaciones generales para la apropiación tecnológica
No es el propósito de este escrito plantear un plan de recuperación o
apropiación de la tecnología. Pero sí creemos propicio ofrecer
consideraciones y lineamientos destinados a atacar las principales
causas principales que van en contra de la apropiación tecnológica de
una cultura. La mayoría de estos lineamientos están basados en no
repetir los errores del caso venezolano y siempre con la advertencia de
entender que la eliminación de las causas de un problema no
necesariamente lo resuelve.
3.1 El problema de la actitud hacia la tecnología
Hay que encontrar maneras de concienciar en las dirigencias ejecutiva,
tanto pública como privada, así como en el vulgo cultural, que la
tecnología es un asunto muy político, de alta prioridad y que su
apropiación está estrechamente relacionada con engendrar capacidades
productivas culturales. Circunscrito al forjado de esta consciencia, y
esa es otra razón por la cual la tecnología es un asunto muy político,
se deben encontrar mecanismos para su cuestionamiento. Podría ocurrir,
y al respecto hay sospechas bien argumentadas por algunos pensadores
[Hei82], que la tecnología misma sea culturalmente peligrosa.
En términos culturales, el forjado de la consciencia tecnológica no es
un mero problema lingüístico en el sentido de que seamos capaces de
articular con el lenguaje construcciones que denoten nuestra eventual
comprensión de las cosas. Esta manera de interpretar la consciencia es
más bien un lastre que ha ocasionado abuso lingüístico y la falsa idea
de que la consciencia y sus consiguientes actitudes se adquieren con
escolaridad o propaganda, lo que a su vez, ante la ausencia o
tergiversación de los hechos, conlleva al empobrecimiento en el
significado y sentido del discurso. En una cultura la conciencia
conlleva costumbres en torno a instituciones que produzcan bienes
concretos de alguna clase (no necesariamente materiales). En el caso
tecnológico estas costumbres se traducen a instituciones productivas
sustentables; es decir, circunscritas en redes de interrelación y con
fluidez en ambos sentidos (aguas altas y bajas). En fin, la conciencia
cultural tecnológica se demuestra y adquiere en los hechos
productivos, no en el discurso.
La cultura venezolana que ya arrastra décadas de muy poca
productividad, con costumbres de consumo propias del rentismo
petrolero, adolece pues de una falta de consciencia tecnológica.
Lo anterior indicia una gran dificultad: ¿cómo forjar una consciencia
sobre lo que culturalmente no se conoce? A menudo, las culturas
alemana y japonesa son tildadas de milagrosas o heroicas al apreciar
que, luego de haber sido derrotadas y devastadas en la segunda guerra,
lograron en muy poco tiempo colocarse entre las principales potencias
productivas del mundo. Pero muchos de estos merecidos elogios ignoran
el hecho de que antes de la guerra estas culturas ya tenían la
consciencia tecnológica.
Las culturas orientales que han logrado la apropiación tecnológica,
por ejemplo, India, China o Corea del Sur, tienen como rasgo común el
conservar una identidad cultural autóctona que, aunque fue agredida
por procesos de colonización, no fue destruida.
Nosotros pensamos que la raigambre cultural es muy importante porque
ella, o parte de, es lo que posibilita la consciencia del bien o
patrimonio público3.
En el caso de la cultura venezolana, así como en las de otras naciones
de Latinoamérica, se ha perdido la idea de lo que es bien
público. Esta pérdida, cual está estrechamente vinculada con la
enajenación referida en § 2.3 ha sido causada por varias
agresiones culturales a lo largo de la historia. En primer lugar
Venezuela, así como la mayor parte del territorio americano, fue el
botín de saqueo de las conquistas europeas sobre América. Muchas
etnias americanas fueron exterminadas, y la mayoría de las
sobrevivientes avasalladas durante un proceso de colonización de
siglos. Posteriormente, sobrevinieron las guerras de independencia
americana. Algunas de estas culturas independizadas, en particular la
estadounidense, lograron forjar la tecnología porque la colonia ya les
había instituido una identidad europea. Otras culturas
latinoamericanas, encajadas dentro de la “Europa segunda”
[Gue97], no pudieron evitar que en el resto del contexto
mundial se les siguiese considerando como meros suplidores de materias
primas. En el caso venezolano, a principios del siglo pasado sobrevino
un proceso de transformación en el cual la renta petrolera fue
desplazando, hasta prácticamente su aniquilación, a las producciones
agrícolas tradicionales heredadas de la colonia.
Un plan de apropiación tecnológica tiene que asumir que sin producción
local simplemente no hay tecnología. Pero en un principio esta
asunción ha de ocurrir en ausencia de la consciencia
tecnológica. ¿Cómo hacer pues para producir tecnología y a la vez
adquirir su consciencia? Nosotros pensamos que es través del rescate o
cultivo de la idea de bien o patrimonio tecnológicos públicos.
3.2 La importancia de lo público
Una manera sucinta de ejemplificar la idea de bien público, aunque no
completa respecto a la riqueza de su significado, es mediante alusión
a los “servicios públicos” tradicionales: transporte urbano y
territorial, electricidad, aseo urbano, telecomunicaciones, sistemas
postal, etc. A ese respecto es conveniente notar que la mayoría de las
culturas tecnológicas se caracterizan por disponer de servicios
públicos de altas prestaciones.
Por público no necesariamente entendemos que sean gratuitos, sino que
estén al alcance libre y efectivo de toda la población que conforma la
cultura.
Preguntémonos ¿qué sucedería en una cultura tecnológica si
súbitamente se perdiese o degradase severamente alguno de estos
servicios? Aunque es imposible determinar una respuesta taxativa, sí
creemos factible esperar que la cultura de algún modo reaccione para
reparar o renovar el servicio afectado.
Ahora preguntémonos ¿cuál sería el estado de la cultura venezolana si,
doce años atrás, en lugar de comenzar desarrollos productivos aguas
abajo, orientados al consumo individual y sustentados en su mayoría
por importaciones, los cuales, tal como lo hemos reseñado, depararon
en la degradación de los espacios públicos, en la ocurrencia el
tráfico citadino, el gobierno venezolano hubiese consagrado sus
recursos en instituir servicios de transporte urbano públicos con
prestaciones de servicio de alto nivel? Aquí tampoco es posible
responder taxativamente, pero, si asumiéramos que el gobierno
venezolano hubiese tenido el suficiente liderazgo y carisma como para
convencer a su población de esperar unos años más para obtener y
disfrutar en plenitud un servicio público de transporte, entonces hoy
nos parecería plausible esperar de la cultura venezolana una
consciencia tecnológica en torno al transporte público.
Hemos encontrado, pues, un sutil argumento para sugerir que los planes
de apropiación tecnológica estén orientados a la construcción de
espacios culturales de encuentro con lo público. Una manera, entre
otras, de acometer esto es a través de los servicios públicos, los
cuáles, no casualmente, se sustentan en la tecnología.
3.3 El cultivo y la autoridad práctica
Dado que la tecnología sea una suprainstitución constituida por
otras instituciones, parece evidente que para poder apropiársela sea
necesario forjar nuevas instituciones de diversa índoles: educativas,
productivas y de prestación de servicios.
En su sentido costumbrista, las nuevas instituciones no aparecen por
simple decreto o por la mera construcción de su infraestructura. Al
contrario, se forjan lentamente, con paciencia y sin tener en sus
comienzos una imagen exacta de los resultados finales. Ante esta
inevitable incertidumbre, y en general para las consideraciones que
plantearemos en el resto de esta sección, es muy importante el tener
una disposición de “cultivo”, en el sentido de que los resultados se
aprecian y se conciencian cuando se recogen los frutos, no al inicio
cuando comienza la siembra.
En consideración a lo anterior, creemos que es muy importante que los
proyectos de apropiación sean liderados por personas con la suficiente
autoridad. El carisma es un componente sumamente importante en el
liderazgo y éste a su vez en la gerencia, fundamentalmente cuando se
está emprendiendo. Puesto que los cultivos toman tiempo, es esencial
que a los emprendedores se les dé tiempo. Ante la incertidumbre es
normal que frente a la toma de decisiones un emprendedor sea visto
como “autoritario”. Pero más allá de ese eventual “autoritarismo”
es críticamente esencial que el emprendedor tenga autoridad práctica,
o sea, que haya sido autor en el área objeto de su institución. La no
observancia de esto es quizá uno de los principales errores del caso
venezolano.
A menudo, probablemente debido a que al observar conductas
autoritarias en culturas que han logrado apropiación tecnológica, por
ejemplos, los monopolios de principios de la tecnología (en Inglaterra
y EEUU), o sistemas de gobierno ciertamente autoritarios (Unión
Soviética, Chile, China, ...), se infunde la creencia de que el
autoritarismo es una condición deseable o necesaria para el cultivo
tecnológico. Sin embargo, al margen de los siniestros, si uno mira mejor la
historia tecnológica de aquellas culturas, encontrará fracasos
notables en la mayoría de las veces en que los proyectos tecnológicos
fueron liderados por individuos sin autoridad práctica. Análogamente,
también encontrará que la mayoría de sus triunfos fueron liderados
por personas con estrechos vínculos prácticos.
La autoridad práctica es pues fuertemente aconsejable, además de otras
virtudes inherentes a la gerencia.
3.4 Los rubros prioritarios
La tecnología tiene muchísimos rubros, pero entre esa miríada hay unos
que son vitales para cualquier cultura. Al respecto consideramos
tres ámbitos:
-
La soberanía alimentaria: una cultura debe perseguir, por
supuesto con base a sus capacidades agropecuarias naturales
autóctonas, el lograr una plena soberanía alimentaria.
- Los servicios básicos de vida: entendidos estos como aquellos
del tipo señalados en la subsección anterior que sustentan un
modo de vida en condiciones dignas.
- La salud y educación: las cuales deben ser ámbitos separados de
los servicios básicos para evitar el riesgo de ser incluidos,
equiparados o confundidos entre sus cadenas productivas.
A condición de asegurarse de que el retorno de inversión, o parte de,
sea empleado para subvencionar rubros en los ámbitos prioritarios, es
plausible que el estado apoye abiertamente el desarrollo de
tecnologías en otros ámbitos.
3.5 La importancia de la red
Ya desde § 1.3.3 establecimos el carácter esencial y
prioritario que juegan las redes de interrelación en los sistemas
tecnológicos. Los actores planificadores deben aceptar que, cualquiera
que sea el rubro, la soberanía tecnológica se ejerce antes que nada a
través de la red de interrelación que le esté asociada. Enfaticemos
esta importancia a través de algunos ejemplos.
No es posible desarrollar industria pesada propia sin una red
suficiente de potencia eléctrica. Mientras que sí es posible tener
industria pesada, como en efecto ocurre en muchas geografías, con
materias primas importadas, siempre y cuando se tengan los mercados
aguas abajo.
Análogamente, no es posible tener instituciones estables de comercio
o gobierno electrónico sobre INTERNET si no se dispone de una red de
telecomunicaciones fiable y de suficientes prestaciones.
Tampoco se puede tener un sistema alimentario autónomo de alta escala
sin redes de obtención de insumos (abonos, maquinaria agrícola, etc),
de distribución de cosechas y de transporte de productos.
Las índoles de las redes dependen de la criticidad y
prioridades que tengan los rubros y de los recursos conque se
cuente. Pero sería imprudente acometer desarrollos en un rubro
cualquiera sin antes haber estudiado detallada y responsablemente sus
redes de interrelación.
En los términos de la metáfora del aserradero, los proyectos de red
tienen el valor de fungir como río; es decir, de ser un medio de
trasporte transversal a todas las aguas. Además, su cuidado (el del
río) requiere el concurso de otros sistemas y niveles
productivos. Esto nos permite resaltar aún más el carácter esencial de
privilegiar las redes de interrelación, pues sirven de abono a los
cultivos tecnológicos que les son asociados, conllevando la
posibilidad de engendrar y desencadenar otros proyectos tecnológicos
en las cadenas productivas ligadas a las infraestructuras de la red y
a los rubros que ésta interrelacione a lo largo de los distintos tipos
de aguas. Como ejemplos de este efecto podemos mencionar al
ferrocarril en diversas culturas, la electrificación en la Unión
Soviética y al sistema de telecomunicaciones francés.
Una manera adoptada por muchas economías para aprovechar el carácter
desencadenante de la construcción de redes consiste en instaurar
parques industriales en las periferias que tengan acceso a la red.
Finalmente, si bien es estratégico que estos proyectos tengan carácter
público en el sentido ya tratado, notemos que el logro de esto no
desdeña la inversión privada ni excluye, especialmente en sus inicios,
a los monopolios. El problema primordial es instituir la red; el hacer
completamente pública su gestión o librarla de monopolios son problemas
que vendrían después, en función de las circunstancias.
3.6 Las prioridades entre los niveles productivos
Dada la complejidad planetaria de la tecnología es muy difícil, y
probablemente poco práctico, apropiarse de toda ella, inclusive de una
sola cadena productiva completa. Esta aprensión no implica que no se
hayan de establecer prioridades en los niveles productivos.
A tenor de esto, es altamente preferible, una vez establecidos los
rubros en función de las prioridades y proyectos en torno a sus
redes de interrelación, que el orden de apropiación de los nodos
productivos sea desde las aguas altas hacia las bajas. Si las
circunstancias hacen cambiar ese orden, entonces es imperativo un
cronograma factible y detallado de sustitución de importaciones o, en
su imposibilidad fáctica, por ejemplo la carencia territorial de una
materia prima, un plan de diversificación de proveedores.
La experiencia venezolana en comenzar la apropiación en las aguas más
bajas, que según lo señalamos en § 2.2.2 desató un fuerte
consumismo, es un buen indicio de lo que puede ocurrir cuando se
invierte este orden. Por eso, entre otras razones, es imperativo que
el estado no participe activamente en aguas bajas en rubros que no son
prioritarios, mas sí vigile y supervise la actividad privada.
El rol ideal de un posible intervencionismo de estado consistiría en
supervisar férreamente el cultivo tecnológico de los rubros
prioritarios. Un estado más intervencionista no es deseable; pero hay
que reconocer que a veces, y este fue el caso de desarrollo de algunas
economías asiáticas, la intervención puede corregir rápidamente
problemas, siempre y cuando se encuentren gerencias sustitutas
efectivas. Aquí, considerando el orden de prioridad que
comienza por la red, aguas altas, medias y bajas, la criticidad de la
intervención depende de garantizar que la gerencia sustituta sea
efectiva, lo cual a su vez requiere de autoridad práctica.
3.7 La enseñanza e investigación
Si en realidad se desea una tecnología soberana, en el sentido de
posesión planteado en § 1.7 (las facetas autóctona,
autónoma e infraestructural), entonces es indispensable tener un
sistema educativo de excelencia, que trascienda más allá de los
niveles primario, secundario y superior forjando educación de cuarto
nivel. La principal razón, aunque ciertamente instrumental, es que si
se pretende ser autóctono y autónomo, entonces hay que ser competitivo
respecto a fuerzas tecnológicas externas, lo que no sólo conlleva la
ventaja de tener mayor resistencia frente a estas fuerzas, sino que
eventualmente podría permitir la exportación de tecnología.
Así pues, la cultura interesada en la apropiación tecnológica debe
comprender que la competitividad requiere formación de investigación
de altísimo nivel. A este tenor es pues indispensable la instauración
de centros de enseñanza e investigación avanzados.
Aunque ciertamente habrán casos en que estos centros deban ser
especializados, nosotros creemos que es contraproducente que el estado
imponga las áreas de investigación, pues éstas y su inspiración no se
decretan, especialmente cuando no se posee la tecnología. Por eso,
estas instituciones deben tener un grado de autonomía respecto al
estado, sin que ello impida que éste las financie. El principal
estímulo que daría el estado sería el de ofrecer aplicación práctica
en sus proyectos de cultivo tecnológico. Aquí cobra redundar la
importancia de los parques tecnológicos dentro de las periferias de
las redes de interrelación, pues ellos fungen como “atractores” de
emprendedores formados en los centros de investigación.
No es una condición que los centros de investigación estén cercanos a
los centros de producción. Al contrario, aparte de que la distancia de
los centros productivos les puede favorecer en su autonomía, en la
razón geográfica de estos centros debe primar su cercanía con el
conocimiento; por ejemplo, en una zona dónde estén universidades.
Una acción esencial por parte del estado es que éste efectúe
seguimiento y evaluación rigurosa de todas sus instituciones
educativas y coteje los resultados con los planes tecnológicos. Estas
evaluaciones no deben confundirse con estímulos o premiaciones.
En la medida en que las circunstancias lo permitan, con el ánimo de
captar más agentes interesados en la producción de conocimiento, los
trabajos de investigación deben ser abiertos y de libre acceso y
uso. Por supuesto, ante la probabilidad de estar circunscritos a los
tratados GATT/OMC se impone considerar seriamente su patentado.
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This document was translated from LATEX by
HEVEA.